La voz de la autoexigencia: cuando el perfeccionismo nos paraliza

By 3 enero, 2017Sin categorizar
autoexigencia

¿Qué te dices cuando no consigues tus retos? ¿Cómo es ese discurso interno? ¿Es constructivo o destructivo? ¿Cómo te sentirías si una persona, que no fueses tú mismo, te dijera todo aquello que te dices a ti mismo? ¿Se lo permitirías? ¿Te sentirías inspirado, con mayor valor y coraje? ¿O destruido y acabado?

La autoexigencia es necesaria para conseguir nuestros objetivos, superar nuestras marcas, mejorar día a día y poder convertirnos en el referente que siempre hemos querido ser.

Pero a veces el problema radica en el estilo de comunicación que tenemos con nosotros mismos: si nuestro monólogo es de continuos reproches y de crítica autodestructiva (“todo lo hago mal”) el resultado es desmotivador y la consecuencia es dejarnos sin energía y abandonar antes de tiempo.

Ese discurso interior debería ser flexible, comprensible con nuestros errores y motivador. Que nos impulsara a dar nuevos pasos y nos acompañara en el proceso disfrutando con cada nueva etapa. .

Es necesario valorar cuáles son nuestras metas y nuestros objetivos para saber si son realistas y si están adaptados a nuestras capacidades y recursos. Además, es bueno centrarse en los plazos y trabajar en establecer unas pautas concretas que nos ayuden a alcanzarlos.

Es importante trabajar en mejorar la relación que tienes contigo mismo. La única persona con la que tienes la certeza que vas a convivir toda tu vida eres tú mismo, por lo tanto, es básico aprender a  llevarte bien contigo.

Trabaja en construir un mejor líder interior que te ayude a relacionarte mejor contigo mismo, que valore el esfuerzo y que te permita focalizarte en el proceso con una voz benévola, amable y constructiva. ¿Podrías visualizarlo? ¿Crees que encajaría con el que has construido a día de hoy? ¿Habría aspectos por trabajar o mejorarlos? En este proceso está bien tener unos referentes que nos inspiren y nos den un mayor conocimiento, pero evitando las comparaciones.

Querer conseguir la perfección absoluta es una batalla perdida.

Ser conscientes que los errores son parte del camino y de la naturaleza es también una forma de tomar contacto con la realidad. Necesitamos una visión humilde y agradecida de todo lo que hemos sido capaces de conseguir sea cual sea el lugar en el que nos encontremos y al punto al que hayamos conseguido llegar.

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